sábado, 6 de marzo de 2010

Algún día

Tal vez creer en cosas extraordinarias haga la vida más sencilla, es más sencillo decir que los duendes te esconden las llaves a admitir que la memoria te falla, es más fácil creer que todo ya está escrito a decir que no tienes el coraje o la determinación para hacer lo que tu alma desea. Es menos doloroso pensar que por alguna extraña razón los dioses escribieron para ti una historia sin un alma gemela.
Es más fácil, más sencillo, menos doloroso, pensar que todas estas circunstancias, que todos estos objetivos están fuera de tu control, a tener que admitir que simplemente no logras hacerte cargo, no logras encontrar la forma, el camino a ellos, a decir que eres débil o incapaz.
Pero a veces, por más teorías supernaturales, simplemente sabes que eres tu quien no ha conseguido esas metas. Sientes esa inexplicable e inexpropiable nube gris sobre ti, sobre tu cabeza.
Hay tantos miedos, tantas barreras, tantos fracasos, culpar a alguien fuera de ti es lo más rápido, pero dentro, en tu ser, sigue el vacío. Cuando te ves al espejo, al ver el asiento del bus junto a ti vacío, cuando tienes una idea, una sonrisa, una lágrima y no hay nadie junto a ti, cuando tus pensamientos rebotan de un lado a otro en tu cabeza, una y otra vez sin salir, perdiéndose entre ellos mismos y tu soledad.
Cada día es lo mismo, se repite, una rutina, tan inadvertida como las demás, hasta que un día, junto a una taza de café y nadie para decirle lo sabrosa que está, te das cuenta que no es un par de días o una semana, no sabes cuánto tiempo llevas solamente con tu soledad, algo en tu interior tiembla y te preguntas si alguna vez habrá alguien con otra taza de café en tu mesa a quien le puedas contar lo sabrosa que está…

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